domingo, 3 de agosto de 2008

HORROR SOBRE HORROR por Alejandro Maulá

Nadie podría haber predestinado tan dramático episodio, un hecho sangriento cubierto de venganza, sospechas y el final más trágico que se podía imaginar. Agustín y Milagros Mansilla, los hijos del matrimonio asesinado en Campana, fueron descubiertos en un arroyo situado a pocos metros de la autopista Panamericana, a escasos kilómetros de donde fueron hallados los cuerpos de sus padres.

Cristian Fernández finamente reconoció el doble crimen del matrimonio Mansilla, así como también la de los hijos de la pareja. En un principio, Fernández se encontraba prófugo, luego de haber escapado de su vivienda situada en la localidad bonaerense de Los Polvorines.

Según fuentes policiales, el delincuente se declaró inocente y reveló que en su casa escuchó que a Agustín y Milagros los mataron por "bronca personal" y que "los tiraron un poco antes" de donde fueron hallados los cadáveres de sus padres, Marcelo Mansilla y Sandra Rabago, a la vera de la Ruta Panamericana en el partido de Campana. Este era la primera señal que hacia suponer un triste final.

Los crímenes se encuentran plegado de incógnitas debido a la saña con que fueron asesinados los cuatro integrantes de la familia. Las principales hipótesis hacen referencia a un “ajuste de cuentas”. Lo incomprensible del caso es que los dos pequeños también fueron víctimas y según fuentes policiales habrían sido asesinados a golpes; los forenses determinaron que habían sido asesinados a hachazos en la cabeza, y que llevaban muertos entre 72 y 96 horas.

Para la policía la venganza tuvo otro motivo: un robo en una quinta de José C. Paz, supuestamente protagonizado por Fernández padre y que tuvo a Marcelo y Sandra como testigos. “Cuando salga los mato”, juró. La pareja prometió denunciarlo igual. Desde ese día la muerte los estaba esperando.

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