domingo, 17 de agosto de 2008

VIDAS EN RIESGO por Ezequiel F. Sarfati

A la violencia, a pesar de tener varias y distintas manifestaciones, generalmente la asociamos a la producida por la agresión física o emocional, porque al fin y al cabo todo tipo de violencia que puede sufrir un individuo, termina afectando profundamente sus emociones.

Cuando nos referimos a la pobreza y la marginalidad de un gran sector de la población, acarreadas por el importante índice de desempleo que provoca la desigualdad de clases y la falta de acceso a la educación y a la salud, estamos describiendo un tipo de violencia encubierto. Según los especialistas, la pobreza, la marginalidad y la falta de educación, en algunas ocasiones, es un paso previo a la delincuencia.

No obstante, la violencia doméstica no se produce sólo en las clases más bajas, las familias humildes, sin acceso a lo mencionado en renglones anteriores, no tienen que estar relacionadas exclusivamente al maltrato. La violencia psicológica y física con el cónyuge, el abuso físico y sexual de los niños se puede dar en los diferentes extractos sociales.

Cuando se habla de maltrato, pocas veces se hace mención al psicológico o emocional, ya que habitualmente se hacer referencia al físico. Niños que sufren el desprecio de sus padres, quienes desaprueban todos aquellos actos que los pequeños realicen, sin importar el tiempo y el cansancio que dejaron en ellos. Por otro lado, se priva al chico de establecer relaciones sociales y eso lo podría afectar a futuro, además de vivir en un estado de aislamiento con respecto al mundo exterior. Asimismo, el maltrato psicológico se refiere a toda palabra, gesto o hecho que tiene por objeto humillar al otro, avergonzarlo o dañar su dignidad. Esta manifestación de la violencia, a diferencia de la física, es muy difícil de detectar porque no deja marcas visibles. Tampoco podemos olvidarnos de la existencia de la violencia sexual, que representa el abuso de poder en la esfera de la vida sexual de las personas; este lamentable hecho puede suceder, frecuentemente, tanto dentro del ámbito familiar como educativo.

De acuerdo a lo sostenido por los profesionales, el maltratador o abusador tiene la autoestima baja, no logra controlar sus impulsos, no sabe expresar afecto y/o sufrió algún tipo de maltrato en su niñez; por su parte, el maltratado, al igual que su victimario, tiene baja autoestima, es sumiso y conformista, entre otras características.

La violencia doméstica, ya sea física, psicológica o sexual, debe ser denunciada inmediatamente a las autoridades pertinentes y ellas establecer la pena que le corresponde al abusador.

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