La pobreza, la indigencia y el hambre que se sufre en nuestro país por la falta de trabajo y educación se convirtió desde hace años en moneda corriente, en algo común y conocido por quienes pensamos que la mala situación económica de mucha gente no es una mera sensación como dicen algunos gobernantes. En nuestro país, como en muchos otros que disfrutan los beneficios del sistema democrático, se celebra cada cuatro años el cambio del primer mandatario, pero lamentablemente aún no se logra festejar la mejora económica de la mayor parte de los argentinos.Corría la madrugada del 3 de Octubre y ya comenzaba la vuelta a mi hogar, soñaba con el colchón confortable en el que me acuesto todos los días, había tenido un día muy agitado, ya que me encontraba despierto desde las 7 de la mañana del día anterior. El stress laboral me había llevado a estar de un malhumor insoportable, pero fue en la calle Tacuarí, a la altura de Juan de Garay donde me sucedió algo que me hizo replantear muchas cosas en mi vida.
Una pareja con sus hijos se encontraba en una esquina descansando sobre su cama, las baldosas recién arregladas por el gobierno de la ciudad. La pareja parecía estar durmiendo, uno de los niños también lo hacía y otro estaba bebiendo de una botella, que parecía ser una gaseosa cola. Este jovencito de apenas 10 u 11 años de edad comenzó a mirarme fijo, yo me encontraba dentro de un taxi que tuvo que detenerse por un semáforo que marcaba la luz roja. Me dio la impresión de que pedía mi ayuda, con su expresión me rogaba que lo lleve a otro lugar donde pueda descansar dignamente, sin sufrir del frío y la tierra que levantaban los automóviles cada vez que pasaban por esa esquina. El semáforo saltó del rojo furioso a un verde que nos permitía el paso en dirección a mi hogar. Mientras arrancaba el vehículo, di vuelta mi cabeza y encontré a este pequeño ser saludándome como dándose cuenta que su pequeña esperanza de dormir ese día bajo un techo se diluía como arena en las manos.
Rápidamente me comunique con una asociación, que se ocupa de conseguirle albergue a aquellas personas sin hogar, para comunicarles lo visto esa madrugada; me pareció que era lo indicado en una situación como la vivenciada, ya que lamentablemente no podía hacer más que eso para lograr que ese niño y su familia duerman en un lugar cálido y confortable, para que el techo de su morada deje de tener nubes durante el día y ser tan oscuro en las noches.Una semana después de sucedido este pequeño episodio, aquella familia que había visto desde el taxi que me conducía a mi casa, ya no se encontraba en esa esquina. Pensé que tal vez se habían mudado a otro espacio físico o preferí creer que algún organismo o el estado mismo se había dignado a cumplir con sus obligaciones para con los ciudadanos consiguiéndoles un lugar decente para que allí residan, de manera que puedan descansar serenamente bajo un techo, un techo que no cambie de color según la ocasión.
1 comentario:
El artículo es muy interesante pero asi como existe este chico, existen varios más que no teinen donde vivir. Es imposible conseguirles un lugar para que todas las familias indigentes tengan donde dormir.
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