Hace aproximadamente 5 años, cursando la carrera de periodismo en la facultad, redacté un artículo acerca del trabajo infantil en la Argentina, una problemática que estaba afectando al sector más vulnerable de la sociedad: los niños.Hoy, luego de variados cambios en los gobiernos y promesas incumplidas por los políticos de turno, podría volver a redactar esa misma nota, sin cambiarle ni un punto ni una coma; sólo que aquellos pequeños a los que hice alusión ya son adolescentes; algunos se convirtieron en honestos trabajadores, pero posiblemente muchos otros no tuvieron esa misma suerte y ahora se encuentran viviendo una realidad distinta en la que seguramente hubieran deseado no hallarse.
Actualmente, los niños que viven en la indigencia se ven en la obligación de hacer lo que sea necesario para obtener una moneda y de esa manera poder alimentarse ellos y a su familia, mendigando, trabajando en la calle como “trapitos” o “limpia vidrios” o bien delinquiendo a los transeúntes.
Ya sea en Constitución, Belgrano, Palermo o Puerto Madero, el escenario es distinto, la realidad es la misma, se pueden ver en muchas esquinas a niños y adolescentes juntando cartones, revolviendo la basura o comiendo los desperdicios que encuentran en ella.
Cuando se les pregunta a los políticos acerca de esta problemática, ellos piden tiempo y sostienen que están trabajando para erradicar la pobreza de la sociedad. Sucede que, lamentablemente, los chicos del mundo actual son demasiado “atrevidos”, ellos tienen hambre ahora, se les acabó la paciencia, quieren un plato de comida en su mesa YA … No les interesan los tiempos de la política, no los entienden porque a pesar de todo siguen siendo niños con obligaciones de un adulto.Estos chicos no se pueden dar el lujo de tener sueños porque muchos de ellos no saben lo que eso significa. Su casa es la calle, sufren el calor del verano y el frío del invierno y esto en varias ocasiones les provoca graves enfermedades; a veces tienen suerte si un alma caritativa les regala un viejo colchón, sino deben dormir sobre varias baldosas que nosotros pisamos diariamente.
El futuro de estos pequeños seres es un oscuro callejón que pareciera no tener salida y que podría terminar con sus vidas en cualquier momento si es que alguien no hace algo para evitarlo.