sábado, 17 de septiembre de 2011

SENSACION O REALIDAD? por Ezequiel F. Sarfati

Hace 35 años, en nuestro país las Fuerzas Armadas, comandadas por Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, derrocaban al débil gobierno de María Estela Martínez de Perón.

Hoy, cuando recordamos la dictadura militar que se vivió en Argentina, pensamos en los miles de desaparecidos, la plata dulce y la guerra de las Malvinas entre otros hechos nefastos que mancharon con sangre en la década del 70 y principios de los 80 a nuestro país, en donde muchos hombres y mujeres que tenían opiniones opuestas al gobierno eran secuestrados, torturados y asesinados.

A más de 30 años de esa lamentable época que vivimos, tenemos la suerte de coexistir en un régimen democrático en el que se celebra cada cuatro años el cambio del primer mandatario, aunque lamentablemente aún no se logra festejar la mejora socio-económica de la mayor parte de los argentinos.

La pobreza, la indigencia y el hambre causado por la falta de trabajo y educación se convirtió desde hace años en moneda corriente, en algo común y conocido por quienes pensamos que la mala situación económica de mucha gente no es una mera sensación como dicen algunos gobernantes.

Las calles de Constitución, Retiro, Once, Belgrano o mismo Puerto Madero o Recoleta demuestran que la pobreza es una triste realidad. En estos barrios, como en otros podemos ver a muchos niños recolectando cartones o revolviendo la basura para comer los restos de comida que encuentran allí.

Cuando se les pregunta a los políticos acerca de esta problemática, ellos piden tiempo y sostienen que están trabajando para erradicar la pobreza en la sociedad. Sucede que, lamentablemente, los chicos del mundo actual son demasiado “atrevidos”, ellos tienen hambre ahora, no les importa las estadísticas, si hay menos desocupación o si las bici sendas fueron útiles o no, se les acabó la paciencia, quieren un techo y un plato de comida YA!

Estos pibes no se pueden dar el lujo de tener sueños porque muchos de ellos no saben lo que eso significa. No conocen otro juego que no sea el de la supervivencia. Su escuela es la calle; su maestro, la injusticia. Su futuro es un negro callejón de incertidumbre que podría acabar con sus vidas en cualquier momento.

Este es un año eleccionario y mi mayor deseo como el de la mayoría de los habitantes de nuestro país es que el próximo presidente elegido por el pueblo sepa solucionar todos los problemas sociales y económicos que aún siguen sin resolverse.

domingo, 18 de julio de 2010

UN AÑO MAS, UN ACTO MAS, SIN JUSTICIA NI CULPABLES por Ezequiel F. Sarfati

La Organización Memoria Activa realizó un acto en homenaje a las víctimas de la voladura de la AMIA, éste tuvo lugar en la calle Pasteur, donde se produjo el ataque terrorista. Se efectuó un minuto de silencio en conmemoración, precedido por la lectura de los nombres de las 85 víctimas fatales que dejó este trágico acontecimiento histórico.

El 18 de julio de 1994, sucedió en Buenos Aires un hecho sumamente inesperado y cruel. A las 9:53, la Asociación Mutual Israelita Argentina, sufrió un atentado que tuvo un saldo de casi un centenar de muertos.

85 sueños fueron destruidos, 85 vidas desaparecieron inexplicablemente. De esta manera, el judaísmo sufría su segundo ataque terrorista, luego de lo acontecido dos años antes cuando la Embajada de Israel explotaba sin razón alguna.

Hoy, hace 16 años, una bomba hacía volar la sede de AMIA y así terminar con la vida de 85 personas, herir a otras tantas y destrozar la de quienes aún hoy siguen llorando a sus seres queridos. Este atentado logró lastimar, no sólo al pueblo judío, este hecho consiguió imponer el temor en el pueblo argentino, sin distinción de raza, etnia o religión.

Sin embargo, tantas muertes y lágrimas derramadas por esta causa no fueron suficientes. Cuando se recuerdan las vidas que se cobró este atentado, cuando se piensa en los niños, las mujeres y hombres inocentes que vieron su fin esa mañana de julio, no se puede comprender como aún sigue sin descubrirse quienes fueron los culpables.

Es imposible comprender como alguien fue capaz de realizar un hecho tan atroz, matar o herir a otros seres humanos cuya identidad desconocía, de los cuales sólo creía saber o pensar que eran judíos.

Quizás algún día nos digan que se hizo justicia, que se encontró al artífice de lo sucedido, pero esa tan ansiada justicia que estamos buscando, no podrá devolverle a las familias de las víctimas, las vidas de sus hijos, hermanos, padres o amigos; jamás volverán a estar junto a nosotros esas 85 personas que dejaron de soñar el 18 de julio de 1994.

martes, 6 de abril de 2010

LA MISMA REALIDAD DE SIEMPRE por Ezequiel F. Sarfati

Hace aproximadamente 5 años, cursando la carrera de periodismo en la facultad, redacté un artículo acerca del trabajo infantil en la Argentina, una problemática que estaba afectando al sector más vulnerable de la sociedad: los niños.

Hoy, luego de variados cambios en los gobiernos y promesas incumplidas por los políticos de turno, podría volver a redactar esa misma nota, sin cambiarle ni un punto ni una coma; sólo que aquellos pequeños a los que hice alusión ya son adolescentes; algunos se convirtieron en honestos trabajadores, pero posiblemente muchos otros no tuvieron esa misma suerte y ahora se encuentran viviendo una realidad distinta en la que seguramente hubieran deseado no hallarse.

Actualmente, los niños que viven en la indigencia se ven en la obligación de hacer lo que sea necesario para obtener una moneda y de esa manera poder alimentarse ellos y a su familia, mendigando, trabajando en la calle como “trapitos” o “limpia vidrios” o bien delinquiendo a los transeúntes.

Ya sea en Constitución, Belgrano, Palermo o Puerto Madero, el escenario es distinto, la realidad es la misma, se pueden ver en muchas esquinas a niños y adolescentes juntando cartones, revolviendo la basura o comiendo los desperdicios que encuentran en ella.

Cuando se les pregunta a los políticos acerca de esta problemática, ellos piden tiempo y sostienen que están trabajando para erradicar la pobreza de la sociedad. Sucede que, lamentablemente, los chicos del mundo actual son demasiado “atrevidos”, ellos tienen hambre ahora, se les acabó la paciencia, quieren un plato de comida en su mesa YA … No les interesan los tiempos de la política, no los entienden porque a pesar de todo siguen siendo niños con obligaciones de un adulto.

Estos chicos no se pueden dar el lujo de tener sueños porque muchos de ellos no saben lo que eso significa. Su casa es la calle, sufren el calor del verano y el frío del invierno y esto en varias ocasiones les provoca graves enfermedades; a veces tienen suerte si un alma caritativa les regala un viejo colchón, sino deben dormir sobre varias baldosas que nosotros pisamos diariamente.

El futuro de estos pequeños seres es un oscuro callejón que pareciera no tener salida y que podría terminar con sus vidas en cualquier momento si es que alguien no hace algo para evitarlo.