Hace 35 años, en nuestro país las Fuerzas Armadas, comandadas por Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, derrocaban al débil gobierno de María Estela Martínez de Perón.Hoy, cuando recordamos la dictadura militar que se vivió en Argentina, pensamos en los miles de desaparecidos, la plata dulce y la guerra de las Malvinas entre otros hechos nefastos que mancharon con sangre en la década del 70 y principios de los 80 a nuestro país, en donde muchos hombres y mujeres que tenían opiniones opuestas al gobierno eran secuestrados, torturados y asesinados.
A más de 30 años de esa lamentable época que vivimos, tenemos la suerte de coexistir en un régimen democrático en el que se celebra cada cuatro años el cambio del primer mandatario, aunque lamentablemente aún no se logra festejar la mejora socio-económica de la mayor parte de los argentinos.
La pobreza, la indigencia y el hambre causado por la falta de trabajo y educación se convirtió desde hace años en moneda corriente, en algo común y conocido por quienes pensamos que la mala situación económica de mucha gente no es una mera sensación como dicen algunos gobernantes.Las calles de Constitución, Retiro, Once, Belgrano o mismo Puerto Madero o Recoleta demuestran que la pobreza es una triste realidad. En estos barrios, como en otros podemos ver a muchos niños recolectando cartones o revolviendo la basura para comer los restos de comida que encuentran allí.
Cuando se les pregunta a los políticos acerca de esta problemática, ellos piden tiempo y sostienen que están trabajando para erradicar la pobreza en la sociedad. Sucede que, lamentablemente, los chicos del mundo actual son demasiado “atrevidos”, ellos tienen hambre ahora, no les importa las estadísticas, si hay menos desocupación o si las bici sendas fueron útiles o no, se les acabó la paciencia, quieren un techo y un plato de comida YA!
Estos pibes no se pueden dar el lujo de tener sueños porque muchos de ellos no saben lo que eso significa. No conocen otro juego que no sea el de la supervivencia. Su escuela es la calle; su maestro, la injusticia. Su futuro es un negro callejón de incertidumbre que podría acabar con sus vidas en cualquier momento.
Este es un año eleccionario y mi mayor deseo como el de la mayoría de los habitantes de nuestro país es que el próximo presidente elegido por el pueblo sepa solucionar todos los problemas sociales y económicos que aún siguen sin resolverse.



