sábado, 12 de julio de 2008

EL FUTBOL ES SAGRADO por Ezequiel F. Sarfati

Los colores de las banderas que iluminan los estadios de fútbol hacen que uno se de cuenta de lo hermoso que es y la importancia que tiene este deporte para miles de personas que habitan el suelo argentino. Personas que, en muchos casos, trabajan diariamente entre 10 y 15 horas, deseando que llegue lo más pronto posible el momento en que su equipo pise el campo de juego y el arbitro pite el comienzo del partido.

El muchacho que se gana el pan vendiendo gaseosas o el hombre, ya entrado en años, que hace del “choripán” la comida más exquisita que uno pueda conseguir en las tribunas, forman parte del paisaje que pinta de cuerpo entero a este deporte tan querido por algunos y lastimado por otros, aquellos personajes que hacen de un encuentro deportivo un campo de batalla y no lo que debería ser: un momento de disfrute dentro de la intensa y dramática realidad social en la que se encuentra inmerso nuestro país.

Hace unos años, cuando uno hablaba de fútbol, pensaba en Maradona, Passarella, Kempes o Bochini. La década del ’90 y el comienzo del nuevo milenio trajo consigo varias cuestiones negativas; hoy, al referirse a este deporte, lo primero que recordamos es la violencia ocasionada dentro y fuera de los estadios a causa de las disputas provocadas por aquellos que solo logran sembrar el miedo en los simpatizantes del club de turno.

Es posible que actualmente estos hechos se hayan vuelto muy comunes para el pensamiento colectivo del ser humano, pero esta en nosotros provocar el cambio y hacer que la violencia deje de ser un ingrediente más dentro del fútbol, porque quienes deben ocuparse de solucionar estos problemas, que ocasionaron una gran cantidad de muertes no están actuando correctamente, puesto que si así lo estuviesen haciendo, hoy no estaríamos hablando de tantas personas que han perdido su vida en una cancha.

Está en nosotros, la sociedad, hacer que cuando nos refiramos al fútbol, pensemos en los deportistas y no en los denominados “barrabravas”, porque como decía el gran Roberto Fontanarrosa en uno de sus tantos libros de humor gráfico: “EL FUTBOL ES SAGRADO”, por favor, no lo arruinemos.

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